Testimonios

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Hanna Rohleder, voluntaria desde la IERP

Buen día, la‘ y natajh!

Mi nombre es Hanna Rohleder, vengo de Alemania y en 2024/2025 hice mi año de voluntariado en la JUM, con la Iglesia Evangélica del Rio de la Plata y el ELM Hermannsburg. Siempre había pensado sobre “ir afuera“ después del secundario, para comprometerme en un trabajo que puede conectar interculturalmente y cambiar algo en el mundo, no importa que pequeño sea ese “algo“.

Cuando llegué en agosto 2024, no tenía muchas ideas de como se escribe o habla el Castellano, pero lo fui aprendiendo, con la ayuda de mis co-voluntarias Stefy y Valentina, y los estudiantes indígenas que viven en los albergues de la JUM. Empecé trabajando en la oficina “Acceso a la Justicia”, en donde por las primeras semanas no entendí ni hablé mucho. Pero de a poquito aprendí lo que estábamos haciendo. También fui a las comunidades, muchas veces en el contexto de la eco-espiritualidad.

Viniendo de Europa, Argentina en su totalidad y la existencia de los pueblos originarios era algo muy extraño para mí. Sí se sabe en Europa que hay gente indígena, pero hablar con personas originarias, convivir con ellos y entender lo que realmente significa – ser indígena en el siglo XXI – no se puede por la distancia. Aprendí muchísimo, escuché un montón y pregunte lo que me venía a la mente. La paciencia que tenían los estudiantes conmigo (con mi Castellano y mis preguntas) me sorprendió inmensamente. Estoy orgullosa que hoy les puedo decir amigos. 

Con ellos y más estudiantes indígenas llevamos a cabo unos “encuentros de jóvenes”, para “charlar, debatir y compartir”. Como nuestras charlas muchas veces se terminaban en discusiones sobre temáticas de importancia grande, decidimos brindar la oportunidad de participar a más personas. Desde diciembre hasta junio Valentina, Stefy y yo pudimos dar ese espacio, y siempre era una de las noches por la que más esperaba en toda la semana. 

En 2025, pude ayudar más en lo que es el día a día de la oficina: me daba mucha alegría realmente poder resolver algunos de los problemas que tenía la gente que venía a la JUM. Además, pude entender más lo que es la institución, charlar con los trabajadores de JUM, y hasta participar en la planificación y visión para la institución.

Conocí la JUM en todas sus partes: en el Encuentro de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas y el aniversario estaba lleno de gente que nunca había visto, pero cada una y cada uno me podía contar una historia que compartí en ese terreno. La conocí en pleno verano, cuando las aves y chicharras hacían ruido en la siesta, en la madrugada como a la medianoche. Familiar a mí es su naturaleza, las partes en que hace sombra, y en donde se ve la calle. En donde hacíamos asado, donde jugábamos el UNO y compartíamos charlas hasta horas obscuras. 

Conocí las tierras originarias, vi un parte de los obstáculos que las personas indígenas tienen que enfrentar hoy en día. Visité Argentina, en su grandeza y belleza natural. Mi voluntariado fue un año lleno de aprendizajes, de nuevos conocidos y amigos. Solamente puedo decir gracias, o ña’achec, que lo compartieron conmigo.